Martillos, taladradoras, y otros motivos para odiar a tus vecinos
¿Quién no ha tenido que sufrir alguna vez las incordiosas obras en casa de un vecino o en la suya propia? Yo no voy a ser menos. Los vecinos de arriba comenzaron a hacer obras hace unas semanas y no paran, debe ser que les han regalado la colección entera de libros del Bricomanía, porque si no no lo entiendo. Empezaron primero con el suelo, dedicaron días a quitarlo con un martillo, baldosa a baldosa, pero no se conformaban con cualquier horario no; empezaban pronto por la mañana, luego lo dejaban hasta después de comer, aproximadamente hasta las 6. Dime para qué finalidad ese extraño horario, a parte de para joder la siesta al personal.
Pero con esto no se ha terminado todo, después se han tirado otros tantos días para machacar el baño y la cocina, iban a un ritmo que me hizo pensar que estaban quitando los azulejos a bocados.
Y por último (porque en eso estamos porque me temo que no acaba aquí) mis vecinos están descubriendo el asombroso mundo de la Black&Decker, también, como no, bastante tempranito, que es cuando jode más, imagino que pensarán; “si, tempranito todo, así tenemos el día entero luego para disfrutar”, grr. Por eso ya a estas horas, casi las 12, algo razonable, solo se dedican a pegar martillazos de vez en cuando... que no decaiga.
Saludos.
Rosa.


